Es la droga ilegal más consumida del mundo y procede de la planta conocida como Cannabis sativa. Es un vegetal dioico, es decir, que tiene plantas macho y hembra que crecen por separado. La mayor parte de los cannabinoides se encuentran en las flores de la planta hembra seguida por las hojas y los tallos.
En 1988 se descubrió que las membranas de ciertas células nerviosas contenían receptores de proteína que se ligaban al THC. Una vez fijo en su lugar, el THC desencadena una serie de reacciones celulares que, a la larga, producen el estímulo que sienten los usuarios al fumar la marihuana o el hachís.
El THC se encuentra en diferentes proporciones según el preparado que se utilice:
- La marihuana (‘grifa’, ‘maría’ ‘hierba’) es la preparación seca y triturada de flores, hojas y pequeños tallos; generalmente se fuma sola o mezclada con tabaco.
- El hachís (‘chocolate’, ‘costo’, ‘goma’) es un exudado resinoso, concentrado de las partes más ricas de la planta que una vez prensado se presenta en forma de pastillas para consumir; se deshace al calor y se fuma mezclado con tabaco, (‘porro’, ‘canuto’, ‘petardo’).
- El aceite de hachís, que se obtiene por un procedimiento de filtración y es una preparación más concentrada…
Como destacan los especialistas del Plan Nacional sobre Drogas, justo después del consumo se produce lo que se conoce como ‘borrachera cannábica’: sequedad de boca, ojos rojos, taquicardia, descoordinación, risa incontrolada, somnolencia, y alteración de la memoria, la atención o la concentración. Una sensación de euforia que no tarda en transformarse en un síndrome ‘amotivacional’ y una pérdida de interés por las cosas.
Los efectos del cánnabis dependen en parte del tipo de preparación (riqueza de los principios activos), de la dosis utilizada, de la forma de administración (inhalaciones prolongadas), de las características metabólicas de la persona que lo consume, del uso conjunto de otras sustancias como por ejemplo el alcohol y también en gran medida los efectos dependen de la personalidad del consumidor, lugar de consumo, compañía y ambiente.
Se ha demostrado que los problemas de concentración y de memoria “tienen efectos devastadores en el futuro de los jóvenes, porque les pilla en la mejor época de la vida para estudiar. Muchos de ellos experimentan dificultades de aprendizaje y abandonan los estudios antes de tiempo.
Además, su consumo habitual puede generar dependencia y adicción (entre el 7% y el 10% de los casos) y existen evidencias que demuestran que las formulaciones modernas tienen mayor concentración de THC que el cannabis que se fumaba en los años sesenta; lo que aumenta sus efectos.
Problemas mentales
Por ejemplo, el consumo de porros multiplica por dos las probabilidades de sufrir brotes psicóticos (con más riesgo a mayor dosis). “Parece que la marihuana podría actuar como desencadenante de estos ataques en personas con una cierta predisposición genética”. Los trastornos se acentúan cuando el consumo se inicia antes de los 15 años [la media de edad de inicio en España son los 14,7 años], probablemente porque esta droga causa cambios neurobiológicos en un período clave del desarrollo cerebral.
Un reciente informe elaborado por expertos de la Oficina de Control de Drogas de la Casa Blanca (EEUU), advierte que los adolescentes que fuman marihuana tienen hasta un 40% más de riesgo de sufrir depresión, ansiedad, psicosis (alucinaciones) o algún tipo de enfermedad mental; especialmente en el caso de las chicas. Y aunque no se ha demostrado de una manera estadísticamente significativa que pueda causar esquizofrenia, sí parece que empeora sus síntomas y agrava los ataques.
Además, el modo de consumo más frecuente es mezclado con el tabaco, fumado sin filtro y con largas caladas, lo que también podría incrementar la frecuencia de problemas pulmonares desde cáncer hasta patologías cardiovasculares. Cada vez más datos advierten de la implicación del cannabis en los accidentes de tráfico y de su papel como puerta de entrada hacia otras drogas ‘duras’.